Merz se reúne con Xi Jinping en Beijing: libre comercio contra Trump, 87.000 millones de déficit y el ultimátum sobre Ucrania

Friedrich Merz y Xi Jinping se dieron la mano el 25 de febrero de 2026 en la Casa de Huéspedes de Estado Diaoyutai, Beijing. Foto: China Daily vía Reuters.
El canciller alemán Friedrich Merz se reunió el miércoles 25 de febrero de 2026 con el presidente chino Xi Jinping en la Casa de Huéspedes de Estado Diaoyutai, en Pekín, en su primera visita oficial a China desde que asumió el cargo, con una delegación de 30 directivos de BMW, Volkswagen, Siemens y Mercedes-Benz, según confirmaron France 24 y Prensa Latina. El contexto lo define todo: China volvió a ser en 2025 el mayor socio comercial de Alemania, con un intercambio de 251.800 millones de euros —superando a EE.UU.—, pero el déficit alemán con China alcanzó un récord histórico de 87.000 millones de euros, 20.000 millones más que en 2024, según NODAL. Los tres frentes de la visita: comercio, con Merz exigiendo que China aprecie el yuan, elimine subsidios y reduzca el exceso de capacidad industrial; geopolítica, con la guerra de Ucrania sobre la mesa y la frase que ya circula en todos los medios: “Si Xi Jinping le dijera a Putin mañana que pare, tendría que hacerlo pasado mañana”; y el factor Trump, que convierte a ambos países en víctimas del mismo proteccionismo y crea, paradójicamente, el mayor incentivo para el acercamiento sino-alemán en años. Resultado concreto: cinco acuerdos firmados con el premier Li Qiang sobre cambio climático y seguridad alimentaria, y el compromiso chino de importar más productos de alta calidad desde Alemania.
📅 26 de febrero de 2026 | 📍 Pekín, China | ✍️ Birmux News
Pekín — El mundo que Merz heredó al llegar a la Cancillería Federal ya no funciona con las reglas que lo ordenaron durante décadas. El paraguas de seguridad de EE.UU. se ha tornado incierto. Los aranceles de Trump golpean por igual a Berlín y a Pekín. Y la segunda economía del mundo y la tercera se miran a los ojos con una mezcla de dependencia mutua, desconfianza estructural y un pragmatismo que no puede permitirse el lujo de ser ideológico.
Merz llegó a Pekín con 30 ejecutivos en el avión y una agenda que ningún canciller anterior había planteado con tanta franqueza. No fue a aleccionar. Fue a negociar. Y a entregar un mensaje que Xi Jinping escuchó sin responder directamente: si quieres ser el defensor del libre comercio, empieza por comportarte como uno.
Los números que explican por qué Berlín necesita esta visita
251.800 millones de euros de intercambio y un déficit récord de 87.000 millones
La relación comercial sino-alemana es la más importante de Europa y una de las más desequilibradas del mundo desarrollado. Como documentó EFE vía Investing.com:
“Los negocios de importaciones y exportaciones entre los dos países alcanzaron en 2025 los 251.800 millones de euros, lo que representa un aumento del 2,1% con respecto al año anterior. El comercio con EE.UU., lastrado por la política arancelaria del presidente Donald Trump, tuvo una caída del 5%, pese a lo cual es el segundo socio de Alemania.”
La asimetría es el problema central. Como precisó France 24, las importaciones chinas en Alemania crecieron un 8,8%, hasta 170.600 millones de euros, mientras las exportaciones alemanas a China cayeron un 9,7%, hasta 81.300 millones. El resultado: el déficit comercial de Alemania con China aumentó a un récord de 87.000 millones de euros el año pasado, 20.000 millones más que en 2024. China vende cada vez más a Alemania. Alemania vende cada vez menos a China. Merz fue a Pekín a cambiar esa ecuación.
Fuente: EFE / France 24 con datos de la Oficina Federal de Estadística de Alemania (Destatis), 2026.
Lo que Merz puso sobre la mesa: tres exigencias sin eufemismos
“Apreciad el yuan, eliminad los subsidios, reducid el exceso de capacidad”
A diferencia de visitas anteriores —Merkel solía priorizar los contratos; Scholz llegó bajo la sombra del affaire Huawei—, Merz fue directo. Como recogió NODAL:
“Merz dijo que Beijing debería apreciar su moneda, eliminar los subsidios a los fabricantes nacionales y reducir el exceso de capacidad industrial al que se atribuye la inundación de los mercados de la UE con productos baratos. ‘Debido al fuerte aumento de las importaciones chinas, las demandas de protección son cada vez más fuertes en Europa’, advirtió.”
Los tres puntos atacan el núcleo del modelo exportador chino. Un yuan más apreciado encarece las exportaciones chinas. Menos subsidios estatales iguala el campo de juego para los fabricantes europeos. Reducir el exceso de capacidad —especialmente en acero, aluminio, vehículos eléctricos y paneles solares— detiene la inundación de productos baratos que están destruyendo industrias enteras en Europa. La respuesta de Xi fue diplomática pero sin concreción en ninguno de los tres puntos.
Lo que Alemania obtuvo: cinco acuerdos y un compromiso verbal
El resultado tangible fue más modesto que las exigencias. Como informó France 24:
“Antes del encuentro con el líder chino, Merz se reunió con el premier Li Qiang en el opulento Gran Salón del Pueblo de Beijing, donde ambas partes firmaron cinco acuerdos y memorandos sobre temas muy específicos relacionados con el cambio climático y seguridad alimentaria. Merz señaló que obtuvo el compromiso de China de importar más productos de alta calidad desde Alemania.”
Memorandos de cambio climático y seguridad alimentaria. No aranceles, no acceso recíproco al mercado, no cuotas de importación de vehículos eléctricos alemanes en China. Como señaló acertadamente Mundiario, la visita de Merz “tuvo énfasis menos en la ampliación de acuerdos y más en la redefinición del marco general.” El compromiso de China de “importar más productos de alta calidad” es exactamente el tipo de promesa que no se puede medir ni exigir.
El elefante en la sala: Ucrania y el papel de Xi como posible mediador
“Si Xi le dijera a Putin mañana que pare, tendría que hacerlo pasado mañana”
La frase más citada de la visita la pronunció Merz antes de subir al avión, pero resonó en cada sala de reuniones de Pekín. Como recogió Epoch Times España:
“‘Si Xi Jinping le dijera a (el jefe del Kremlin, Vladímir) Putin mañana que pare, tendría que hacerlo pasado mañana’, afirmó el canciller. Sin embargo, sus asesores advierten que cualquier intento de asumir una actitud moralizante ante China —tanto en el tema de Ucrania como en asuntos relacionados con los derechos humanos— puede dar al traste con las conversaciones.”
La visita coincidió con el cuarto aniversario de la invasión rusa de Ucrania. La tensión diplomática es real: Merz ha criticado públicamente que el apoyo económico chino a Rusia prolonga el conflicto. Xi Jinping no se comprometió a nada en Ucrania, pero tampoco rechazó el diálogo. El comunicado oficial del Ministerio de Exteriores chino solo consignó que “los dos líderes intercambiaron opiniones a fondo sobre la crisis de Ucrania”, sin más detalle. En diplomacia, la ausencia de concreción es un mensaje en sí mismo.
El factor Trump: el mayor acercador involuntario sino-alemán
El comercio con EE.UU. cayó un 5% en 2025; China subió a primer socio comercial de Alemania
Hay una ironía histórica en el trasfondo de esta visita que ningún analista pasa por alto. Como analizó Mundiario:
“La política arancelaria de Trump ha introducido un elemento de incertidumbre estructural en la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea. Pekín intenta presentarse como socio estable y defensor del libre comercio. Xi Jinping insistió en que, cuanto más ‘turbulento y complejo’ sea el mundo, más deben China y Alemania fortalecer la comunicación estratégica.”
El Global Times —portavoz del Partido Comunista Chino— fue aún más directo: “El unilateralismo y el proteccionismo aplicados por Estados Unidos han llevado a los países europeos a reevaluar sus relaciones externas.” Trump, sin proponérselo, está empujando a sus aliados europeos hacia Pekín. El comercio con EE.UU. cayó un 5% en 2025 para Alemania, mientras el comercio con China subió un 2,1% y superó al estadounidense como primer socio. Esa estadística es la mejor carta de negociación que Xi tenía sobre la mesa.
Las tierras raras: la dependencia que Merz no pudo resolver
China controla el 90% del procesamiento global; las restricciones desde abril de 2025 afectan a Volkswagen
La dependencia estructural más peligrosa de Alemania con China no está en los automóviles ni en los semiconductores. Está en los minerales que hacen funcionar todo lo demás. Como documentó Epoch Times España:
“China controla el 90% del procesamiento de las llamadas tierras raras, necesarias para la producción de teléfonos móviles, ordenadores portátiles o motores eléctricos. La economía alemana está especialmente preocupada por las restricciones a la exportación de tierras raras vigentes desde abril de 2025.”
Las restricciones chinas a la exportación de componentes clave para la fabricación de semiconductores han afectado específicamente a empresas como Volkswagen, según detalló EFE. Berlín fue a Pekín a pedir que se levanten o suavicen esas restricciones. No hay indicios de que lo haya logrado. Las tierras raras son, en este momento, el arma geopolítica más silenciosa y más efectiva del arsenal chino sobre Europa.
La semana diplomática completa: de Múnich a Pekín, de Pekín a Washington
Wang Yi en Múnich el 14 de febrero; viaje a Washington previsto del 2 al 4 de marzo
La visita a Pekín no es un evento aislado: es el centro de una semana diplomática de altísima intensidad que define el posicionamiento global del nuevo gobierno alemán. Como informó el Ministerio de Exteriores chino:
“El 14 de febrero de 2026, hora local, el canciller federal de Alemania, Friedrich Merz, se reunió en Múnich con el miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China y ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi. China está dispuesta a trabajar con Alemania para preparar la siguiente fase de intercambios de alto nivel, reforzar la cooperación práctica en diversos ámbitos y elevar la Asociación Estratégica Omnidireccional China-Alemania a un nuevo nivel.”
El itinerario completo de la semana Merz: reunión con Wang Yi en la Conferencia de Seguridad de Múnich (14 de febrero), vuelo a Pekín para reunirse con Li Qiang y firmar cinco acuerdos (25 de febrero), reunión con Xi Jinping en Diaoyutai (25 de febrero por la tarde), visita a la Ciudad Prohibida y la sede de Mercedes-Benz en Pekín (26 de febrero, hoy), y viaje a Washington previsto para el 2 al 4 de marzo. El mensaje estratégico implícito es claro: Berlín habla con todos. No elige. No puede elegirse en el mundo de 2026.
Lo que sigue: el “no desacoplamiento” como nueva doctrina alemana
La frase que Merz pronunció desde el aeropuerto de Berlín antes de volar a Pekín resume mejor que cualquier comunicado oficial la doctrina del nuevo gobierno alemán hacia China: “Tenemos que reducir nuestra dependencia económica de China. Pero un desacoplamiento de esa economía sería un error. Debemos agotar, no reducir nuestra cooperación.”
No es una posición cómoda. Es la única posible. Alemania no puede prescindir del mercado chino de 1.400 millones de consumidores. No puede reemplazar en el corto plazo las tierras raras que China controla. No puede ignorar que muchas de las innovaciones en electromovilidad y eficiencia energética ocurren hoy en China, no en Stuttgart ni en Múnich.
Al mismo tiempo, no puede aceptar indefinidamente un déficit comercial que crece 20.000 millones de euros al año, subsidios estatales que hacen la competencia imposible y restricciones de materias primas que actúan como palanca de presión geopolítica.
Merz volvió de Pekín con cinco memorandos, un compromiso verbal sobre importaciones de calidad y la misma conversación pendiente sobre Ucrania. Es menos de lo que pedía la industria alemana. Es más de lo que había antes de la visita. En diplomacia económica, a veces eso es suficiente para justificar el vuelo.







